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miércoles, 4 de marzo de 2026

Domesticar el alma en tiempos de ruido.

A veces, el ruido del mundo nos obliga a cerrar los ojos para poder escuchar lo que realmente importa. Me detengo en esta imagen y recuerdo que domesticar la mirada no es ver más, sino ver mejor; es entender que los vínculos más profundos no necesitan de grandes escenarios, sino de la ternura de un abrazo compartido. Porque, al final del día, solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial sigue siendo ese hilo invisible que nos sostiene cuando todo lo demás parece desvanecerse.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

El año baja la voz y el corazón habla mas fuerte.

Para mí, la Nochebuena es un umbral, no es solo una fiesta ni un calendario marcando una fecha... es un instante suspendido, donde el año baja la voz y el corazón se anima a hablar más fuerte. 
Es la mesa, abundante o austera, que igual convoca; los abrazos que llegan tarde pero llegan; las ausencias que se sientan en silencio y también brindan. 
Es la esperanza cansada, algo golpeada, pero terca, que insiste aunque se le note el desgaste.
Es una noche en la que medimos menos lo que logramos y más todo lo que resistimos. 
Donde lo pequeño cobra un valor inmenso, una risa compartida, un pedazo de pan, una mirada que se queda un segundo más y nos hace sentir vistos. 
La Nochebuena es una tregua emocional, breve pero necesaria, en un mundo que casi no da respiro.
Para mí, es ese recordatorio íntimo de que, aun rotos, aun con cicatrices frescas o viejas, seguimos eligiendo encontrarnos. Aunque sea por unas horas, aunque sea en silencio.

martes, 23 de diciembre de 2025

Nochebuena sentida

Estamos a unas estrellas de esta Nochebuena distinta,
donde la mesura pasó a ser la invitada especial.
Las ornamentas ya no hacen ruido en el aire
y se percibe el cansancio de un pueblo trabajador
que aprendió a celebrar en voz baja.
Aun así, sigo con la esperanza intacta:
que al correr de las horas,
frente a una mesa sencilla y compartida
con quienes durante el año pasamos sin mirarnos
—por silencios, distancias o heridas—,
brote esa sonrisa que sólo nace del reencuentro
y se quede a vivir en un abrazo
de esos que no prometen milagros,
pero sostienen.¿Y si esta Nochebuena, en lugar de abundancia, nos regalamos un abrazo que nos vuelva a mirar?
Adriana 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Sentir...

 Sentir no es quedarte en el umbral de la puerta observando cómo pasa la vida.

Es abrirla de par en par, aunque el viento te despeine los miedos.

Es permitir que algo te duela y aún así quedarte, mirar de frente, respirar hondo.

Porque sentir también es rebelarse contra la costumbre de no sentir nada.

Es incendiar la apatía con el fuego de lo que aún te conmueve,

aceptar que doler es parte del milagro

y recordarte viva, incluso cuando el mundo te prefiere dormida.

            Adriana Blanche 


jueves, 4 de septiembre de 2025

La niña que quería ser gato


Había una vez una nena llamada Alma que, en lugar de querer ser princesa, doctora o astronauta, soñaba con ser… ¡un gato!
Cada mañana miraba a su gato Bigotes, que se estiraba largo como un acordeón y luego dormía plácidamente en el sillón.
—Qué vida tan maravillosa —pensaba Alma—. 
Dormir cuando quiero, trepar los techos, mirar el mundo desde arriba y caminar con pasos sigilosos como un secreto.
Un día, mientras jugaba con un ovillo de lana, Alma cerró fuerte los ojos y deseó...
—¡Quiero ser un gato, aunque sea por un día!—
Al abrirlos, se encontró con algo sorprendente, tenía orejas puntiagudas, bigotitos y una cola que se movía sola.
—¡Miau! — dijo, y se asustó de su propia voz.
Alma pasó el día recorriendo su casa como felina.
Caminó sobre la mesa sin que nadie la retara, saltó hasta la ventana y miró el jardín desde la altura. 
Descubrió que podía escuchar el vuelo de un pajarito antes de verlo y que el viento olía a miles de cosas distintas.
Pero también descubrió lo difícil, nadie le entendía cuando hablaba, el agua de su plato sabía rara y, lo peor de todo, su mamá no la abrazaba porque pensaba que era solo Bigotes con más hambre de lo normal.
Ella sintió un poquito de tristeza, entonces se dio cuenta...ser gato tenía cosas hermosas, pero también extrañaba ser nena...
Quería volver a reír con su voz humana, a jugar en la plaza y, sobre todo, a sentir los abrazos de su mamá.
Cerró los ojos muy fuerte y susurró:
—Gracias por mostrarme tu mundo, minino bello… pero prefiero el mío.—
Y al abrirlos, ya no tenía orejas puntiagudas ni bigotes. Volvió a ser Alma, la nena que quería ser gato… y que había aprendido que uno puede soñar con ser otra cosa, pero lo más lindo es disfrutar de lo que uno es.
Esa noche, Alma acarició a Bigotes antes de dormir y le contó un secreto:
—Yo también tuve un corazón de gato por un día.—
Bigotes, que parecía entenderlo todo, ronroneó tan fuerte que la habitación entera se llenó de un suave motorcito de amor...
#adrianablanche 
#cuentoscortos

Sentiir

 De tanto en tanto me va bien desaparecer. No porque la tristeza me atraviese, ni porque quiera escapar del mundo. A veces simplemente neces...