sábado, 31 de enero de 2026

Lo simple

La vida se vuelve más liviana cuando aprendés a no reaccionar ante todo y a entender que no todo tiene que ver con vos.
La vida es simple si cambiamos el enfoque y aceptamos las circunstancias.
Hay tormentas que se bailan y otras que te resguardan.
Escuchá tu intuición, casi siempre sabe antes que vos.
Adriana S. Blanche 
#adrianablanche 
#cambiaelenfoque

martes, 27 de enero de 2026

Cuando la vergüenza no frena, empuja

La vergüenza es el precio a pagar por ser la persona que queremos ser.
Cuando la escuché, algo hizo clic.
No fue una frase más: fue un sacudón suave pero certero, de esos que no te gritan… pero te dejan pensando todo el día.
Porque nadie nos dijo que crecer dolía así.
Que animarse a ser uno mismo implicaba exponerse.
Que muchas veces, antes de la libertad, viene el ridículo.
Antes de la coherencia, el “¿qué van a pensar?”.
Antes de la verdad, el temblor.
La vergüenza aparece cuando dejamos de obedecer el guion.
Cuando ya no encajamos.
Cuando decimos que no, cuando decimos basta, cuando decimos esto soy aunque no esté pulido, aunque no sea cómodo para otros.
Y ahí entendí algo importante:
no es que la vergüenza sea el problema.
El problema es dejar que nos frene.
Porque toda versión valiente de nosotros mismos fue, antes, una versión incómoda.
Torpe.
Expuesta.
Señalada.
Ser quien queremos ser no es elegante.
Es desprolijo.
Es ensayo y error.
Es quedar mal para quedar en paz.
Y no, no se trata de volverse impune ni cínico.
Se trata de dejar de vivir pidiendo disculpas por existir.
De elegir la dignidad antes que la aprobación.
La coherencia antes que el aplauso.
Quizás la vergüenza no sea una señal para retroceder,
sino la prueba de que estamos yendo hacia algo más honesto.
¿Qué versión tuya estás frenando por vergüenza?

viernes, 23 de enero de 2026

Vos, yo y viceversa

Dos años y diez meses de elegir(se), incluso cuando no era fácil.
De crecer sin perder la ternura.
De construir un "nosotros" que no apura, pero tampoco se esconde.
Que ese 23 siga siendo número-puente...
entre lo que fueron, lo que son y todo lo que todavía nos animamos a ser juntos!!!
Feliz cumplemes de esos que no hacen ruido( bueehh un poquito 🤣🥰), pero hacen raíz.
Adriana S. Blanche 
#adrianablanche 
#cumplemes

domingo, 18 de enero de 2026

El arte de no perdernos

Hasta donde vos,
sin empujar mis bordes.
Hasta donde yo,
sin achicarme para encajar.
Hasta donde el encuentro
no sea conquista
ni renuncia,
sino acuerdo silencioso.
Que tu mundo no me tape el cielo,
que mi fuego no queme tus mapas.
Caminar juntos, sí,
pero con nombre propio.
Porque amar
no es fundirse hasta borrarse,
es quedarse
eligiendo
sin perder el rumbo de casa.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Firme: Sin armaduras.

Van pasando las horas y miro mi año como pétalos de girasoles al viento: algunos vuelan alto, otros caen antes de tiempo, pero todos fueron parte del mismo sol.
Sé que he fallado. Sé que me han fallado. Y aun así, acá sigo, eligiendo mirar el vaso medio lleno, no por ingenuidad sino por resistencia.
Soy de las que pide disculpas sin tapujos, porque así me enseñaron y porque entendí que pedir perdón no achica, humaniza.
También sé disculpar, porque a la perfección ya le ganamos la pulseada desde el lado de lo imperfecto, ese territorio real donde se vive de verdad.
Me miro y me reconozco multifacética, multifuncional: la que siempre está, la que todo lo puede, incluso cuando está —o intenta estar— en mil lugares a la vez.
La que sostiene, la que empuja, la que resuelve, aun con el cansancio escondido detrás de una sonrisa prolija.
Pero terminando este 2026 me enfrenté, sin maquillaje, a una verdad necesaria:
la capa puede —y debe— quedar colgada por un tiempo.
Que no todo depende de mí.
Que no todo tengo que poderlo sola.
Y tal vez el aprendizaje más valiente sea ese:
entender que en este 2026 aceptar ayuda no es una derrota,
es descanso,
es conciencia,
es amor propio aprendiendo una forma nueva de existir.

jueves, 25 de diciembre de 2025

"El legado de no parecerse”

Doña Luisa solía decir las cosas como quien deja migas de pan en el camino, sin explicar demasiado, confiando en que algún día alguien las iba a seguir.
—Vuélvete diferente en este mundo tan común —le repetía a Sol, su nieta, mientras le trenzaba el pelo despacio, como si en cada nudo estuviera atando un deseo.
Sol no entendía del todo. Miraba por la ventana el barrio quieto, las casas parecidas, las rutinas copiadas unas de otras. Todo parecía correcto, prolijo… y un poco triste. Doña Luisa, en cambio, tenía las manos arrugadas de vivir distinto: hablaba con las plantas, guardaba botones sin par, lloraba con canciones viejas y se reía fuerte cuando nadie más se animaba.
—¿Y cómo se hace eso, abuela? —preguntó un día Sol, con la curiosidad temblándole en la voz.
Doña Luisa sonrió, esa sonrisa que no apura respuestas.
—No se hace, mi amor. Se es. Aunque duela. Aunque incomode.
Con los años, Sol empezó a notar que no encajaba del todo. 
Sentía demasiado, preguntaba de más, no sabía callarse frente a las injusticias ni fingir que algo no le importaba. A veces quiso ser común, descansar en la comodidad de parecerse a todos. 
Pero cada vez que lo intentaba, algo adentro se le apagaba.
Entonces recordaba a Doña Luisa, su voz, sus silencios. 
Su forma de estar en el mundo sin pedir permiso.
Y entendió.
Ser diferente no era ir en contra de todo, sino a favor de sí misma. 
Era elegir la ternura cuando el mundo endurecía, la verdad cuando convenía mentir, la sensibilidad cuando otros la llamaban debilidad.
Hoy, cuando alguien le pregunta por qué es así, Sol sonríe como su abuela y responde bajito, casi en secreto:
—Porque alguien, una vez, me enseñó que en un mundo tan común… ser diferente es un acto de amor.

Las plumas de Clara

Clara se despertaba muy temprano, con la rutina ya marcada como un reloj secreto.
Primero ordenaba su habitación, después abría las ventanas para dejar que el aire fresco barriera la casa. Preparaba la comida y cambiaba el agua de Ágata, su michifuz mimada. 
Solo entonces podía entregarse a su ritual más esperado..."el mate", ese instante de calma que abría el día como el sol deslizándose sobre el papel.
Pero una mañana, al abrir la ventana, algo distinto la sorprendió... una pluma blanca, ligera, suspendida en el aire como si la esperara. 
Cayó suavemente sobre su mesa, Clara la tomó entre los dedos y sintió un estremecimiento, como si dentro de esa suavidad habitara un secreto.
Los días siguientes, nuevas plumas fueron apareciendo...en el marco de la puerta, sobre el respaldo de la silla, entre las hojas de un libro olvidado. 
Ya no eran casualidad!!! Clara comenzó a coleccionarlas, a guardarlas en un frasco de vidrio, hasta que una noche —en medio de un silencio que parecía escucharla— comprendió que las plumas no eran objetos perdidos, sino señales.
Fue entonces cuando algo en su vida empezó a desarmarse...dejó de seguir la rutina con la misma rigidez, se animó a caminar sin rumbo por el barrio, a hablar con desconocidos, a escribir lo que nunca se había permitido. 
Como si cada pluma hubiese ido arrancándole el miedo a salirse del guión.
Ágata la miraba curiosa, como si también entendiera que Clara ya no era la misma... y aunque la rutina seguía ahí, ella supo que cada vez que encontrara una pluma, la vida le estaba recordando que aún había alas escondidas dentro suyo...
      ~ Adriana Blanche ~

miércoles, 24 de diciembre de 2025

El año baja la voz y el corazón habla mas fuerte.

Para mí, la Nochebuena es un umbral, no es solo una fiesta ni un calendario marcando una fecha... es un instante suspendido, donde el año baja la voz y el corazón se anima a hablar más fuerte. 
Es la mesa, abundante o austera, que igual convoca; los abrazos que llegan tarde pero llegan; las ausencias que se sientan en silencio y también brindan. 
Es la esperanza cansada, algo golpeada, pero terca, que insiste aunque se le note el desgaste.
Es una noche en la que medimos menos lo que logramos y más todo lo que resistimos. 
Donde lo pequeño cobra un valor inmenso, una risa compartida, un pedazo de pan, una mirada que se queda un segundo más y nos hace sentir vistos. 
La Nochebuena es una tregua emocional, breve pero necesaria, en un mundo que casi no da respiro.
Para mí, es ese recordatorio íntimo de que, aun rotos, aun con cicatrices frescas o viejas, seguimos eligiendo encontrarnos. Aunque sea por unas horas, aunque sea en silencio.

martes, 23 de diciembre de 2025

Nochebuena sentida

Estamos a unas estrellas de esta Nochebuena distinta,
donde la mesura pasó a ser la invitada especial.
Las ornamentas ya no hacen ruido en el aire
y se percibe el cansancio de un pueblo trabajador
que aprendió a celebrar en voz baja.
Aun así, sigo con la esperanza intacta:
que al correr de las horas,
frente a una mesa sencilla y compartida
con quienes durante el año pasamos sin mirarnos
—por silencios, distancias o heridas—,
brote esa sonrisa que sólo nace del reencuentro
y se quede a vivir en un abrazo
de esos que no prometen milagros,
pero sostienen.¿Y si esta Nochebuena, en lugar de abundancia, nos regalamos un abrazo que nos vuelva a mirar?
Adriana 

domingo, 14 de diciembre de 2025

Nada fue en vano.

Se va acercando el nuevo año
y yo ya voy coqueteando con los sueños
como quien sabe que no todo se concede,
pero igual se atreve.
Me miro hoy, con mis 53 pirulos bien puestos,
no para pedir disculpas
sino para hacer inventario de guerra.
Estoy medio aguerrida, sí,
con curitas repartidas por el cuerpo
como banderas de batallas que no quise esquivar.
Ninguna fue en vano.
Porque de cada herida brotó una flor
y no una de esas prolijas de postal,
no.
Flores salvajes,
de raíz terca,
de esas que crecen donde nadie apostaba vida.
Cada marca me recuerda
los momentos en que tuve que adolecer
para no desaparecer.
Los días en que bajar la cabeza
era más fácil que sostener la mirada.
Pero la levanté.
Y aprendí a abrazarme
con la misma intensidad con la que abrazo al mundo,
sin mezquinar ternura
ni pedir permiso para sentir.
Ya no cartoneo ilusiones.
No junto migajas de promesas ajenas,
no remiendo sueños rotos de otros
para ver si alguno me queda.
Las quiero realidad,
con peso, con vértigo, con riesgo.
Las quiero mías.
Porque soy como un barrilete de colores,
de esos que no obedecen del todo al hilo,
que se enredan, caen, vuelven a subir
y hacen piruetas cuando el viento se pone bravo.
Gambeteo deseos
en cada estrella fugaz
sin bajar la mirada,
sin negociar el brillo.
No llegué hasta acá para achicarme.
Llegué para volar
con cicatrices visibles,
flores abiertas
y sueños que ya no piden permiso
para existir.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Época prestada


Declaro —sin firmas ni testigos—
que no voy a reducir mi vida
al tamaño de los miedos ajenos.
Que no voy a agachar la voz
cuando la verdad me arda en la lengua.
Que no voy a disfrazar la dignidad
para que nadie se sienta cómodo con mi brillo.
Prometo honrar la herencia silenciosa
de los que resistieron sin publicidad,
de los que hablaron con gestos,
de los que mantuvieron la palabra
como un tesoro más valioso que cualquier tendencia.
Renuncio a la tibieza,
a los vínculos que esquivan el espejo,
a la coreografía perfecta del “todo bien”
cuando todo está roto.
Elijo lo real aunque duela,
lo honesto aunque incomode,
lo profundo aunque me deje sin aire.
Me comprometo a defender mi vuelo,
a no achicar mis alas para entrar en ventanas ajenas,
a no mendigar espacio en territorios que no me abrazan.
A crear mi propio mapa,
mi propia fe,
mi propio modo de incendiar la apatía.
Y si esta época es prestada,
entonces la devuelvo marcada,
con mis grietas, mis búsquedas,
mi coraje, mi desobediencia emocional
y esa bandera íntima que dice
que todavía se puede vivir con sentido.
Porque lo único que realmente poseo
es este pulso que insiste,
esta lucidez que arde,
esta manera mía de no negociar la esencia.
Y con eso —solo con eso—
no busco dejar huella...
busco abrir camino.
Que quien venga detrás
no tenga que pedir permiso para ser.

Lo simple

La vida se vuelve más liviana cuando aprendés a no reaccionar ante todo y a entender que no todo tiene que ver con vos. La vida es simple si...