miércoles, 4 de marzo de 2026
Domesticar el alma en tiempos de ruido.
A veces, el ruido del mundo nos obliga a cerrar los ojos para poder escuchar lo que realmente importa. Me detengo en esta imagen y recuerdo que domesticar la mirada no es ver más, sino ver mejor; es entender que los vínculos más profundos no necesitan de grandes escenarios, sino de la ternura de un abrazo compartido. Porque, al final del día, solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial sigue siendo ese hilo invisible que nos sostiene cuando todo lo demás parece desvanecerse.
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