Hay una pregunta que me visita cada tanto: ¿dónde queda todo ese amor que todavía teníamos para dar cuando la persona ya no está?
Me gusta creer que no desaparece. El amor no muere con la muerte; simplemente pierde el lugar donde solía posarse. Ya no encuentra esas manos que abrazar, esa voz que escuchar o esos ojos donde reconocerse.
Entonces cambia de forma, se vuelve recuerdo que acaricia, lágrima que honra, sonrisa inesperada al evocar un instante compartido. Se transforma en la manera en que miramos el mundo, en los gestos que aprendimos de quien amamos y en el cariño que, sin darnos cuenta, sembramos en otros.
Porque el amor verdadero nunca fue solo presencia, también es huella.
Quizás por eso el duelo duele tanto, no porque el amor se haya terminado, sino porque sigue vivo buscando un lugar donde quedarse.
Y tal vez ahí esté la respuesta... el cariño que quedó por dar no se pierde, se convierte en la parte más silenciosa y, al mismo tiempo, más eterna de nosotros.
Adriana S. Blanche 🌼
