y hay quienes te erizan el alma en la piel…
Y después están esos pocos,
los que no hacen ruido,
pero te desordenan la vida entera
como si tocaran una cuerda invisible
que siempre estuvo ahí… esperando.
Mi sombra ya no me persigue: aprendió a caminar conmigo... A los 53 no me domestiqué, peor, aprendí a conocerme. Sig...
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