ese que no grita, pero sostiene.
El que no promete eternidades, sino presencia verdadera.
Celebramos el amor que se elige aún con miedo,
el que aprende a quedarse
sin dejar de ser libre.
El amor que no salva ni ata,
pero acompaña.
El que entiende silencios,
respeta procesos y abraza incluso las grietas.
Hoy celebramos el amor real,
imperfecto, humano, con cicatrices que no restan
sino que cuentan historia.
Porque cuando el amor es honesto, ya es suficiente motivo para celebrar.
AdrianaBlanche
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