Hay cartas urgentes
que terminan llegando demasiado tarde.
No porque el correo se haya demorado,
sino porque mientras viajaban
uno aprendió a dejar de esperar.
Y cuando por fin llegan,
ya no traen noticias.
Traen preguntas.
De esas que llegan con estampilla de nostalgia
y destinatario equivocado.
Porque hay palabras que,
si no llegan a tiempo,
dejan de ser respuesta
y se convierten en despedida.
Qué cosa, ¿no?
A veces la vida tiene pésimo servicio postal.
— Adriana Blanche ❤️

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