Ser mamá es un trascender en otro pedacito de ser.
No se trata solo de dar vida, sino de acompañarla, sostenerla y aprender a soltarla cuando es tiempo.
Ser mamá es un libro de páginas en blanco donde se escribe con amor, cansancio, errores y aciertos.
Es un vaso de agua en medio del desierto, una terraza con flores que crecen entre las grietas, un mate compartido que calma y une.
Una canción que se repite sin aburrir, porque cada vez suena distinta.
Ser mamá es puente, nunca muro.
Es un océano de paciencia que a veces se desborda, pero siempre vuelve a calmar.
Es comprender sin entenderlo todo, y seguir estando.
Es prueba y error, es reinventarse cuando la vida cambia el libreto, y aún así seguir improvisando amor.
Ser mamá también es aprender a convivir con ausencias.
Es mirar una silla vacía y sentir que una estrella ilumina ese lugar.
Es entender que el ADN no solo se hereda, también se honra en los gestos, en la mirada, en la forma de amar.
Ser mamá no es poseer, es acompañar.
No es moldear, es guiar.
No es exigir perfección, es enseñar humanidad.
Ser mamá es, en esencia, honrar el derecho de estar vivo.
Y hacerlo con ternura, coraje y esa fe silenciosa que sostiene incluso cuando el alma tiembla...
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