miércoles, 17 de septiembre de 2025

El dia que decidí escapar

Me miré en el espejo y entendí que los mayores enemigos no estaban afuera, eran mis propios miedos disfrazados de excusas. Siempre pensé que la felicidad era un lujo difícil, hasta que me descubrí presa en una jaula que yo misma había construido, con barrotes de dudas y silencios heredados.
Ese día decidí escapar.
No corrí, me serví un mate con cascaritas de naranja, con ese perfume que abre la mañana y me recuerda que lo simple también es sagrado. 
Me subí a la bici y dejé que la ciudad me llevara, que el viento despeinara las ideas, que el sol me pintara los hombros.
En mis auriculares sonaba una canción que me revolvía el alma, y en la mochila llevaba un libro de esos que te muerden la cabeza y te acarician el corazón. Sentí que la felicidad se escondía justo ahí, en ese revoltijo de momentos tan pequeños como inmensos.
Y mientras pedaleaba, algunas palabras locas se colaban, jugando a dibujarse en un papel imaginario...versos rebeldes, tiernos, filosóficos, un garabato íntimo que decía...la felicidad no siempre se piensa.
A veces se bebe, se pedalea, se lee, se canta…
y, sobre todo, se vive.
El límite de tu felicidad es la forma en que te piensas.

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